Con 101 años aún cuida de su hijo de 65. Cuando descubras la razón quedarás sorprendido

Con 101 años aún cuida de su hijo de 65. Cuando descubras la razón quedarás sorprendido

La relación entre una madre y su hijo representa una conexión única entre dos almas que están dispuestas a darlo todo con tal de que el otro tenga una vida feliz y plena. Quizás se deba a los 9 meses que pasamos en sus barrigas, pero como mamá no hay ninguna.

Las madres estarían dispuestas a hacer cualquier cosa por sus hijos y Meliah Md Diah lo demuestra perfectamente. La mujer, con 101 años de edad se encuentra entre las más viejas del mundo entero pero eso no era impedimento para que dejara de ser madre.

Oriunda de Kuala Nerang, en Malasia, la mujer de 101 años de edad cuidaba diariamente de su hijo de 63 años Abdul Rahman Saud, quien tiene discapacidad y no puede hablar, caminar o llevar una vida normal él solo. 

Lamentablemente la vida parece haber pasado factura y la mujer falleció en Agosto del año pasado por causas naturales ya que no sufría ninguna enfermedad crónica ni reciente. Para ella, su hijo era su vida y lo cuidaría siempre que tuviera la salud suficiente, cosa que cumplió hasta dar su último aliento.

Su hijo Abdul la acompañó hasta el último momento como forma de agradecimiento infinito por todo lo que la mujer hizo por él en sus 63 años de vida. Según su nieta de 59 años de edad la abuela se quejó esa misma mañana de falta de aliento y antes de que pudieran llevarla al servicio de emergencias falleció durante la tarde de ese mismo día.

Cuidaré de él por siempre. Lo amo y sólo quiero estar con él” era lo único que decía Meliah cuando era entrevistada por los medios de noticias locales quienes estaban sorprendidos con su increíble compromiso en ayudar siempre a su hijo, quien sufre de fuertes discapacidades mentales y malformaciones en sus extremidades que le impiden vivir por si solo.

Mi hijo jamás ha sido una carga. Desde que era un bebe, lo he bañado, alimentado y le ponía la ropa todos los días” aseguraba Meliah mientras aún estaba con vida.

Según los familiares de Meliah y muchos de los vecinos la historia de la abuelita era el ejemplo perfecto del sacrifico que muchas madres están dispuestas a hacer por el bienestar de sus hijos.

A pesar de que a sus 101 años la memoria de Meliah se estaba deteriorando drásticamente debido al pasar de los años, ella nunca olvidó el nombre de su hijo ni las tareas diarias que debía hacer por él como limpiarlo, cambiarle la ropa y darle de comer.

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